La relación entre el partido Morena y los sindicatos se ha posicionado en el centro del debate político en México. Actualmente se plantea que la incorporación plena de estas organizaciones es un paso impostergable, aunque se advierte sobre la necesidad de evitar un retorno a las viejas prácticas de control que caracterizaron al régimen anterior.
El desafío principal radica en definir cómo debe construirse esta alianza para que fortalezca la democracia y los derechos laborales. El objetivo planteado es establecer un vínculo de nuevo tipo que no repita los errores del pasado, distanciándose del modelo de subordinación gremial que imperó durante décadas en el país.
Históricamente, durante la mayor parte del siglo XX, México operó bajo un esquema de corporativismo de Estado bajo el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI). En este sistema, el Estado controlaba estrechamente a los sindicatos, supeditando los intereses de los trabajadores a las necesidades del partido gobernante y de la acumulación de capital.
A pesar de la transición democrática del año 2000 con la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) a la presidencia, el sistema clientelar no fue desmantelado. Aunque se registró un cambio de partido en el poder, persistieron las estructuras caracterizadas por la falta de rendición de cuentas y el control sobre las organizaciones de trabajadores.



