Congresistas

Morena busca una nueva relación con sindicatos de la alianza electoral

La relación entre nuestro partido movimiento con las organizaciones sindicales es un termómetro fundamental de la salud democrática de un país. En el caso de México, nuestro partido-movimiento ha irrumpido en la escena nacional con un discurso que reivindica a defensa de los derechos de las y los trabajadores, así como la propia justicia social.

Sin embargo, esa retórica debe traducirse en una relación política coherente, respetuosa de la autonomía sindical pero también articulada con los objetivos de transformación del país. Para ello, es indispensable partir de un hecho político contundente: la mayoría de las y los trabajadores han votado en las elecciones de 2018 y 2024 por MORENA, lo que le otorga no solo una legitimidad electoral, sino una responsabilidad histórica para modificar el equilibrio de fuerzas al interior del movimiento obrero y popular.

Esta preferencia mayoritaria no es casual. Refleja el hartazgo de amplios sectores laborales frente a las prácticas corporativas y corruptas del viejo sindicalismo oficialista, vinculado históricamente al PRI. La base trabajadora identificó en Morena una posibilidad real de acabar con los contratos de protección, la simulación en la negociación colectiva y la represión interna.

Por ello, nuestro Movimiento no puede caer en la tentación de replicar los vicios del pasado. Su relación con los sindicatos no debe ser de subordinación vertical ni de intercambio de prebendas por lealtades, sino de acompañamiento ⎯el cual a veces sera crítico⎯ y respeto irrestricto a la democracia sindical.

En este contexto, el desarrollar el trabajo partidario de Morena en estructuras sindicales, tanto nacionales como estatales se vuelve una tarea estratégica que debe diferenciarse nítidamente del viejo modelo priista.

Morena debe impulsar, desde su programa y desde su fracción en el Congreso, una reforma laboral de segunda generación que garantice la plena autonomía y democracia en los sindicatos. No se trata de que el partido “controle” sindicatos, sino de que brinde certeza jurídica y acompañamiento político a las minorías democráticas que buscan derrocar a dirigencias charras.

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