La diputada federal del PAN, Noemí Luna, cuestionó la premura con la que la mayoría legislativa pretende aprobar la nueva Ley General de Aguas, al advertir que se trata de una reforma sin consenso y con consecuencias directas para más de 600 mil familias del campo mexicano. Señaló que el proyecto ha sido construido “de espaldas” a los productores y sin atender sus preocupaciones reales.
Luna advirtió que una legislación de esta magnitud requiere escuchar primero a los campesinos, quienes —dijo— ven en esta iniciativa un riesgo para su futuro, al no garantizar condiciones justas para el uso y acceso al agua. Criticó que la reforma avance sin diálogo y en un contexto en el que diversas organizaciones han solicitado frenar el proceso legislativo.
La legisladora panista calificó la propuesta como una reforma “parchada e improvisada”, acumulando más de 100 correcciones, lo que a su juicio revela falta de rigor técnico y un intento acelerado por imponer un modelo que no atiende las necesidades del sector rural. Añadió que México necesita una ley sólida, consensuada y con visión de largo plazo, no una legislación construida “al vapor”.



