Desde la Guerra Fría, los medios han servido para legitimar el capitalismo y silenciar las críticas al sistema. Hoy, ante el desgaste de ese consenso, las élites económicas promueven una nueva estrategia: la manufactura del disentimiento, que busca dividir a las clases populares para evitar un frente común contra los intereses corporativos, especialmente tras la crisis de 2009 y el surgimiento de movimientos como Occupy Wall Street.
Este disentimiento se canaliza a través del populismo reaccionario, una forma de movilización de derecha que desvía la frustración de las clases trabajadoras hacia minorías y temas culturales, evitando la crítica al poder económico. A diferencia del populismo progresista, que responsabiliza al neoliberalismo y busca la unidad amplia del pueblo, el populismo de derecha promueve una lucha cultural en vez de una lucha de clases.
Jonathan Smucker explica que el populismo gira en torno a la confrontación entre “el pueblo” y “la élite”, pero lo que los distingue es a quiénes incluyen en ese «pueblo». Mientras la izquierda busca integrar y redistribuir, la derecha tiende a excluir y dividir. Trump y su plataforma MAGA lograron fragmentar a la clase trabajadora estadounidense, aprovechando el desencanto con el enfoque cultural del Partido Demócrata.
En contraste, en México, el populismo económico de izquierda ha conservado su enfoque en el bienestar colectivo, con resultados positivos que consolidaron la victoria de Claudia Sheinbaum en 2024. En EE.UU., figuras como Zohran Mamdani están retomando esta narrativa económica con éxito, como se vio en su sorpresiva victoria en la contienda demócrata por la alcaldía de Nueva York.
El populismo reaccionario no representa una verdadera oposición al poder económico, sino que lo protege disfrazado de defensa del pueblo. Mediante la demonización de migrantes y minorías, se promueve una falsa narrativa que impide la organización de las clases trabajadoras y mantiene intacto el statu quo. La manufactura del disentimiento es hoy el arma más efectiva de las élites para neutralizar cualquier transformación social real.




