Por: Juana María Juarez López.
El pasado 30 de junio, durante la conferencia matutina encabezada por la Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo y con la participación de nuestra Jefa de Gobierno, Clara Brugada, se presentó con gran entusiasmo la visión de ciudad que estamos construyendo desde la Ciudad de México. ¿Lo más emocionante? Esta visión tiene una raíz poderosa: Tenochtitlán.
Sí, esa gran ciudad mexica que fue organizada, colectiva, sustentable y profundamente conectada con la tierra y el agua. Hoy, a 700 años de su fundación, no la recordamos solo como historia… la tomamos como inspiración para nuestro presente y nuestro futuro.
Las chinampas, ese sistema ancestral de cultivo sobre el agua, no solo siguen vivas, sino que son reconocidas a nivel internacional como modelo de agricultura sustentable. Y desde el gobierno las estamos rescatando para fomentar la producción de alimentos sanos y la conservación ambiental.
También se declaró como patrimonio biocultural a las terrazas agrícolas de Milpa Alta, Xochimilco, Tláhuac e Iztapalapa. Estos territorios no son “el pasado”: son parte del corazón rural de la ciudad, y los estamos protegiendo mediante programas de apoyo y ferias como la del Nopal, donde celebramos nuestra producción local y ancestral.
Y no menos importante: se está haciendo justicia a los pueblos originarios. Se han reconocido barrios, lenguas y prácticas comunitarias; se declaró el 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena; y desde el Congreso acompañamos políticas que garantizan sus derechos sobre la tierra, la cultura y su forma de vida.
Para conmemorar estos 700 años, del 11 al 27 de julio la ciudad vivirá una agenda llena de actividades: videomapping en sitios históricos, una ópera en náhuatl, danzas, arte urbano, esculturas de nopaleras en Reforma y senderos de luces que nos conectan con nuestras raíces.
Como diputada, me llena de orgullo profundamente ser parte de un proyecto que no olvida de dónde viene. Porque no podemos hablar de una ciudad moderna si dejamos fuera su historia viva. La Ciudad de México se piensa hoy como una ciudad multicultural, justa y sustentable, donde lo rural y lo urbano conviven, donde el agua y la tierra se respetan, y donde todas y todos tengamos un lugar digno.
Ayer no solo escuchamos un discurso. Escuchamos una apuesta de futuro basada en identidad, cultura y justicia territorial. Tenochtitlán no se quedó en los libros: vive en nuestra forma de gobernar y en los sueños que compartimos como ciudad. La Ciudad de México no solo mira hacia el futuro: lo hace con los pies bien puestos en sus raíces más profundas.




